jueves, 20 de septiembre de 2012

LOS VAGABUNDOS DEL DHARMA

           Las calles de Valparaiso sorprenden por sus murales, sus colores, sus paisajes y su abundancia canina. ¿Acaso se trata de la capital mundial del perro callejero? Es cuestión de caminar un par de cuadras para comprobarlo. “No son vagabundos, son perritos libres cuidados por todos”, intentó explicarme alguien. En realidad, al vivir en una ciudad portuaria y pesquera, los perros saben que siempre habrá comida para rapiñar. Si no es en la calle, seguro en algún muelle.

Sin embargo, el asunto va más allá de su mera presencia: hay algunas cuadras directamente patrulladas por perros. El derecho a transitar por sus zonas queda a criterio de sus hocicos. Ellos hacen saber fácilmente a través de sus ladridos quién puede y quién no. Entre este último grupo sólo eran identificables los carabineros. Tal vez por su indumentaria verde militar o por sus armamentos, claramente no entraban en la caterva de simpatía animal, y cuando se ponía de manifiesto ese rechazo ellos, los animales disfrazados, respondían a palazo sucio. Pero, para ser justos, no sólo son los pacos el blanco de sus ladridos, aunque sí, esto lo digo convencido, el preferido.
                A Samba le dieron cobijo cerca del Cerro Alegre, donde Pablo Neruda tenía su residencia La Sebastiana. No pertenecía a ninguna escuadra y pagaba precio cada vez que tenía que defenderse de los embistes de sus pares cuando se metía en rodeo ajeno. Así y todo su instinto iba más allá de la supervivencia. Era capaz de acompañar a su concubina hasta la puerta de un bar aledaño a la plaza Aníbal Pinto y luego, sin el menor problema de orientación, caminar las 15 cuadras de regreso en subida y diagonales hasta su "cucha".
                La adoptó Domi después de que salvara su vida por milagro. Los vecinos de sus antiguos padrinos se habían cansado de sus sonidos y la envenenaron. Debió mudarse y cambiar de familia. Ahora vive con dos chicas y dos gatos, sólo ladra en ocasiones especiales y es ella quien padece los ruidos molestos de los vecinos: un megamix de reggeaton que suena sin descanso. El animal tropieza con distintas piedras.

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