viernes, 22 de julio de 2011

LA MEJILLA DE DIOS

"Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos"William Shakespeare


Si el caso demandara una autopsia, habría que dejar correr el tiempo para examinar el cuerpo. La escena del crimen ya se echó a perder hace rato, pero la víctima aún hierve. Y todo indica que tardará varios días en entibiarse. No es para menos: su amigo y socio lo traicionó. Volver a creer en la amistad le había resultado un esfuerzo demasiado hondo como para que otro cuchillo se sumergiera en su espalda. ¿Cómo quedarse quieto así? ¿Cómo no destilar resentimiento?
Seguramente sean otras las preguntas que laten la cabeza de Maradona, pero tampoco tienen más respuestas que este nuevo desamparo afectivo que lo deja bien fané. Otra vez huérfano de confianza y presidiario perpetuo de su nombre. Otra vez con tristeza de rebote.
Havelange, Passarella, Coppola, Grondona, Bilardo, Batista y ahora Mancuso. Su lista de Judas es amplia, proporcional a su genio, a los besos que despierta y a su boca brava que brama. ¿Pero acaso no es parte de la Maradología? Si damos por sentado su temple heroico, también daremos por razonable que no conozca otros enemigos que aquellos que lo defraudan por completo. Con un sueño, con los intereses de gente querida, con los pañales de sus hijas o con su propio país, pero siempre pintando rencores. Hay gamas y texturas para matizar, lo que no cambia es el dibujo barroco: el orgullo herido, la fe despojada, las piernas cortadas, los enemigos que la pagarán y las manos en el fuego sólo por los discípulos de su sangre (ayer Dalma y Giannina, hoy Benja).
¿Y quién no tiene un Shoklender tachado en una agenda vieja? Por lo que haya dolido. Más allá de la sensibilidad de Diego (tan sabia con los pies y tan castigada por la boca), la traición, cuando hablamos de traición, no acepta tregua, ni disculpa, ni último café. No es tan vecina de la decepción como le dicen, directamente decreta una estafa obscena al credo humano. Taladra los ojos y el pecho salir de esa caverna y descubrir el sol. Para Platón, Maradona, el Che Guevara, Dante Alighieri o los clavos de la cruz de Jesús.
Si se tratara de una reflexión meramente indulgente, el punto final de este texto ya se habría escrito y este párrafo, como la pregunta respecto a la responsabilidad de Maradona, no existiría. Puede entenderse una mala elección, pero no omitirse que para reiteradas traiciones se necesita una presa fácil. Y ahí es donde las cuentas no cierran: hasta el blanco y el negro pueden ponerse de acuerdo en que Diego es lo suficientemente despierto para oler la carnada mejor preparada. ¿Entonces? ¿Por qué tanta tenacidad para morder anzuelos? ¿Cuánto le cabe de autocrítica? Vaya él a saberlo. A este alcance está la posibilidad de creer que su excepcional vida también incluye malas jugadas, piedras por tropezar y caprichos de amor, que al fin y al cabo se encuentran en cualquier esquina.

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