Por qué será que nos gusta tanto el Barcelona… Podría ser el slogan de una publicidad de dulce de leche, pero también de un equipo de fútbol de España. No creo ser el único que ha gritado goles del Barça incluso llegando a poner celoso al escudo con el que juramos amor eterno. “No es un equipo de fútbol: son extraterrestres”, me suena a justificación válida en los momentos de apuro.
En ese tipo de explicaciones encontré bastante del nudo que une a muchos futboleros de toda la tierra con Cataluña. La Pulga (Atómica) Messi encabeza un elenco digno de una serie fantástica. Hay clichés por todos lados: la pandilla apadrinada por el tipo sensible, protector e inteligente (Guardiola); una liga de muchachos con capacidades especiales destinada a salvar algo redondo; los sabios (Iniesta, Xavi); los guerreros (Puyol, Mascherano); los románticos (Piqué); los efectivos personajes que renuevan la trama (Villa, Afellay), o bien aquello de que “el bien siempre triunfa”.
Cristiano Ronaldo, el jodido y altanero rival, y José Mourinho, el maquiavélico e inteligentísimo villano, también forman parte de la historia, que rompe récord de simpatía de Ushuaia a La Quiaca, por razones artísticas y, principalmente, de suelo (Messi, el gran superhéroe, es argentino).
¿Y por qué más? Quizás porque su mística revolucionaria ya figura entre los grandes sucesos deportivos de los libros de historia, a pesar de y gracias a la globalización. Los goles del Barcelona son de manual. “Jugar y brillar”, debería llamarse el capítulo. No resulta extraño, entonces, que los infantes y adolescentes (en otras palabras, los que están aprendiendo a saber) sean de los más cautivados por la Barcelonamanía.
En 1883, justo 45 años antes de que Angelo Messi, abuelo de Leo, se embarcara desde Italia a Argentina para sembrar su esperanza y, sin saberlo, una leyenda, el ruso Vladimir Propp publicó su teoría sobre los cuentos maravillosos. Según él, existen 31 funciones (la lucha, la transgresiones, la victoria, la tarea difícil, entre otras) presentes aleatoria y recurrentemente en los argumentos de las narraciones del género, acciones representadas por los personajes que se repiten en todas las estructuras. Me atrevo a imaginar que sólo la distancia del tiempo impidió que las aplicara también a este Barcelona, siempre con una sorpresa por descubrir, como un libro de aventuras.
En ese tipo de explicaciones encontré bastante del nudo que une a muchos futboleros de toda la tierra con Cataluña. La Pulga (Atómica) Messi encabeza un elenco digno de una serie fantástica. Hay clichés por todos lados: la pandilla apadrinada por el tipo sensible, protector e inteligente (Guardiola); una liga de muchachos con capacidades especiales destinada a salvar algo redondo; los sabios (Iniesta, Xavi); los guerreros (Puyol, Mascherano); los románticos (Piqué); los efectivos personajes que renuevan la trama (Villa, Afellay), o bien aquello de que “el bien siempre triunfa”.
Cristiano Ronaldo, el jodido y altanero rival, y José Mourinho, el maquiavélico e inteligentísimo villano, también forman parte de la historia, que rompe récord de simpatía de Ushuaia a La Quiaca, por razones artísticas y, principalmente, de suelo (Messi, el gran superhéroe, es argentino).
¿Y por qué más? Quizás porque su mística revolucionaria ya figura entre los grandes sucesos deportivos de los libros de historia, a pesar de y gracias a la globalización. Los goles del Barcelona son de manual. “Jugar y brillar”, debería llamarse el capítulo. No resulta extraño, entonces, que los infantes y adolescentes (en otras palabras, los que están aprendiendo a saber) sean de los más cautivados por la Barcelonamanía.
En 1883, justo 45 años antes de que Angelo Messi, abuelo de Leo, se embarcara desde Italia a Argentina para sembrar su esperanza y, sin saberlo, una leyenda, el ruso Vladimir Propp publicó su teoría sobre los cuentos maravillosos. Según él, existen 31 funciones (la lucha, la transgresiones, la victoria, la tarea difícil, entre otras) presentes aleatoria y recurrentemente en los argumentos de las narraciones del género, acciones representadas por los personajes que se repiten en todas las estructuras. Me atrevo a imaginar que sólo la distancia del tiempo impidió que las aplicara también a este Barcelona, siempre con una sorpresa por descubrir, como un libro de aventuras.