miércoles, 25 de mayo de 2011

ARDIENTE PACIENCIA

"Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades"
Arthur Rimbaud

Ella, tan corta y elegante como salida de un encendedor, empezó a revolotear por mi estómago. Convencida de haber llegado donde quería, entró. Se dijo "esto va para largo, así que más vale estar bien cómoda". Entonces eligió el mejor asiento y estiró las patas a más no poder. Así, sin vanidosas presentaciones, la llama mundialista hizo nido en mi cuerpo.

No hay como ese fuego inflamadito de expectativas que trepa en la previa de cada Mundial. Quema incluso más que los rayos de la pelotita rodando, cuando el nerviosismo y las cegueras pasionales tapan el sol con una mano.
Esa ardiente paciencia se nutre de listas de convocados, especulaciones y pronósticos siempre errados, bajas inesperadas, publicidades alusivas y abusivas, programas para desempacar ansiedades y esa comunión patriótica de la que no logro mantenerme ajeno. La suma confluye en un camino floreado que cada cuatro años remarca sus huellas.
Qué componente mágico tienen esas esperas exquisitas de la vida. Las horas previas a un viaje, ese ritual de prepararse un bolso y sembrar olvidos. La última inspección al espejo antes de una salida amorosa, ese trayecto donde hasta el boleto del colectivo tiene rico olor. La partida a la cancha, ese sol dorado de los sábados y domingos, ese llegar "un ratito antes" y reconocer las banderas, esos papelitos apilados en una mano.
El que espera desespera, dice un refrán que se la da de sabio. Pero a mí no me jodan: qué lindo es esperar a veces. Cuando se trata no de esa esperanza "que come panes desesperados" que elegiría Juan Gelman, sino de otra que tiene como plato de entrada el seguir teniendo hambre y el llenarse la panza con los aromas de la cocina, sin apuros.
No hay situación donde el deseo tenga su teatro tan lleno. Esa idealización le aplica el derecho de admisión al fracaso y a las desilusiones, por eso no tiene grietas y en muchos casos provoca más incendios que los propios momentos soñados.
A no confundirla con la acidez, la ardiente paciencia es otra cosa. Menos arisca y más dulce. Peor consejera pero mejor compañera. No le pongas la traba, sé buen anfitrión e invitala con una copa de vino. Me han dicho que hasta juega al truco como los dioses…

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