miércoles, 25 de mayo de 2011

LA OTRA FIESTA DEL MONSTRUO

En noviembre de 1947, Borges y Bioy Casares deletrearon una burda radiografía del Peronismo, en un cuento titulado La fiesta del monstruo. Desnudados por sus miserias conservadoras, orquestaron a dúo, pero en boca del seudónimo Bustos Domecq, una patética versión aggiornada de El Matadero de Esteban Echeverría.
El argumento no presenta la lucidez a la que acostumbraban: en una movilización a la Plaza para escuchar un discurso de Perón (el monstruo) un militante del Sur termina asesinando junto a otros “compañeros” a un judío. Su lectura, cualquiera sean los colores, deja la sensación de que, como en el fútbol, en la literatura ningún partido se gana antes de jugarse.
Jamás sospeché que aquel retrato estéticamente incorrecto y políticamente desprolijo tuviera su remake en el Siglo XXI. No con Perón, sino con otro ícono argentino tan amado u odiado por igual: Maradona. La historia nos debía una analogía entre Juan Domingo y Diego Armando, y la reciente conferencia de prensa en el Centenario vino a bandejearla.
La desafortunada descarga del ex 10 y actual DT, resumida en la frase "que me la chupen", fue la que necesitaron algunos de los medios de prensa tristemente dominantes para escribir esta nueva versión del cuento, adaptada a la parafernalia mediática actual. Encolumnados en sus macabras susceptibilidades, periodistas de cualquier árbol -hasta de aquellos que nunca ofrecieron un fruto que no estuviera podrido- sacaron a relucir una de las zonceras más grandes de esta profesión: colgar la bandera de la victimización para alentar la crucifixión.
El monstruo los ofendió y ellos –nosotros-, lo empezamos a caricaturizar exacerbando sus facciones menos elegantes. No sólo machucándolo en el rol en el que, hasta el momento, nunca pudo dar dos pases seguidos, sino, además, como hiciera la dupla B y B, redactando la historia en primera persona, intentando darle la voz a la barbarie, reproduciendo una tras otra sus horrendas expresiones.
Es ahora cuando nos acordamos de que Diego dijo que "Pelé debutó con un pibe", o comparó la "vueltita" que le hizo dar Nicolás Repetto a Claudia Villafañe con "tocarle la concha a Florencia Raggi", su mujer. Aquello que ayer formaba parte del glosario maradoniano tan propio de los argentinos ("¡qué vivos que somos!", "¡es el Diego de la gente!"), hoy forma parte de la Real Academia de la Barbarie.
Hubo excepciones que salvaron la ropa, por suerte, pero el revanchismo con el que empezó a escribir su venganza una parte del periodismo fue todavía más grosero que las –indudablemente- desbocadas frases del técnico de la Selección. Y lo peor es que, a diferencia de aquella, esta obra promete llenar renglones hasta que el tren llegue a Sudáfrica.
Si Maradona fue insolente, algunos de sus detractores fueron poco caballeros, traicioneros, de esos jugadores que justifican la plancha con el "huevo".
Me sobran ganas de criticar a esta Selección y al monstruo. Pero cuando le tirás un caño a un rival y éste se calienta y te pega una patada de atrás, no es de noble levantarte e ir a pechearlo. Y menos que menos, haciendo alarde de que estás jugando el clásico inaugurado por Sarmiento y defendés la camiseta la Civilización.
No creas que vengo de la misa de la Iglesia Maradoniana. Pero lógicamente es difícil tomarse un colectivo y que el chancho te pida boleto después de haber viajado durante tantos años en un Rolls Royce para el que no funcionaban los semáforos y todos los autos cedían su paso. El dolor de ya no ser omnipotente debe ser duro de aceptar dócilmente, sin dar batalla, sin vender cara la derrota.
En La fiesta del monstruo de Borges y Bioy un peronista terminaba asesinando a un judío, para significar, en una posible lectura, que Perón mataba al país. En La fiesta del monstruo de los medios, Maradona destruye a una selección de fútbol y a los periodistas y, de esta manera, dicho por muchos, daña al país. "Maradona es la imagen argentina en el mundo y el mundo está horrorizado con sus dichos", se repitió a la marchanta.
Como El Matadero pretendió ilustrar la barbarie del régimen rosista y La fiesta del monstruo, la peronista, el revanchismo mediático de algunos es un documento de la barbarie maradoniana. O, en el reverso, de la barbarie periodística. El monstruo murió adentro de la cancha, basta de hacerle respiración boca a boca.

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