miércoles, 25 de mayo de 2011

AMORES Y OGROS

Fabbiani debe ser para River lo que un muchacho honesto, agradable y de buena familia es para una Susanita obsesionada por llevar su vestido blanco al altar.
A ver si me explico: es innegable que el muchacho tiene carisma, condiciones futbolísticas (siempre y cuando recupere las físicas), pero sin un River mendigo de ídolos no habría existido el fenómeno Ogro. ¿O no coincidimos?
La ecuación para entender este precoz romance incluye, además de la variable R (River), la variable opuesta, B (Boca). Se explica sencillamente: a muchos títulos de B, muchas figuras de B y, por ende, muchos ídolos de B (Riquelme, Palacio y Palermo sólo algunos de los actuales y naturales). En cambio, a pocos títulos de R, menos figuras e ídolos de R. Esta escasez ha producido en la última década un fenómeno extraño para esta era del jugador como trabajador y, a la vez, mercancía: la de una hinchada carente de afecto deportivo que en su necesidad de aferrarse a referentes sentimentales agarra el que mejor y más rápido reúna los requisitos básicos. Algunos de los seducidos y abandonados, sólo por salvarles el honor: Tyson Rivas (dos patadas contra Boca lo convirtieron en el nuevo Passarella), Fernando Belluschi (capitán al par de buenas actuaciones), Alexis Sánchez (“chileno, chileno”)....
Es cierto, en esa ansiosa búsqueda también hubo traiciones amorosas, como la de Sebastián Abreu (el último líder). Y otras historias más complejas como la de Salas, la de Gallardo o la del Burrito Ortega, que vendría a ser ese gran amor de toda la vida, con tramas llenas de vaivenes, con el que coquetea permanentemente, hasta de viejo, pero con la que ya no puede volver a pasar algo serio.
Si algún hincha de River habría estado presente en El Banquete de Platón habría definido al amor como la necesidad de encontrar, a falta de un equipo, alguien que personifique la pasión del tablón con talento para patear y pasar la pelota. Si a eso le sumamos un par de declaraciones picantes y calientes –muchas veces con humo rebosando-, y una dosis gorda de carisma bien alimentada por los programas de chimenteros de la tarde, parece la media naranja. Pero no nos engañemos…
¿Qué vendría a ser el Ogro hoy? Nada más que un buen partido (en cualquiera de las acepciones). Ni ídolo, ni caudillo, ni gurú, ni salvador, ni Mesías, ni sucesor de Alonso y Francescoli juntos. Al menos hasta que las vitrinas demuestren lo contrario…
Claro que sí: pobre River. No es más que el pintoresco ejemplar de zoológico de la especie celeste y blanca llamada argentinos. Esa necesitada de apegarse a figuras e iconizar caricaturas para encontrar no sé qué brújula. De agarrarse de Maradona cuando sirve y sacárselo de encima cuando molesta. De recordarle –con orgullo- a cuanto extranjero se cruce que el Che, Evita y Gardel son más argentinos que la calle Corrientes a las doce de la noche… Sí, ya sé, me fui por las ramas. Te dejo tranquilo. Para eso, en vez de escucharme a mí te ponés a leer a Sebreli y a escuchar a la Bersuit….

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