miércoles, 25 de mayo de 2011

LAS MINAS NO SON TODAS IGUALES

Huele feo debajo de esta alfombra mediática pintada de hazañas, historias increíbles y heroísmo. Todavía nadie me mostró detenidamente la habitación desordenada de la casa o el sótano donde se guardan las macanas que posibilitaron -vaya paradoja- el milagroso rescate de los 33 mineros del yacimiento San José.
El vidrio todavía no está dentro de mi desbalanceada dieta: este desenlace, además de una gran producción, tiene matices épicos, dignos de cualquier final de película de Hollywood. Desde el minero que le propuso casamiento siete cuadras bajo tierra a su mujer hasta el que salió del pozo sin saber qué novia lo estaba esperando. Todo es parte de la trama del reality show con más audiencia del planeta, con sus hipérboles, su musiquita sensiblera, sus pochoclos. Pase por aquí, emociónese. ¿Pero qué hay si agarramos el camino más empedrado?
La señal de TV Chile (canal estatal) retransmitida en todas las emisoras argentinas brinda largos primeros planos de la sonrisa estilo Rodríguez Saá del presidente Sebastián Piñera mientras recibe y abraza a cada uno de los sobrevivientes, así como también al saludo y las felicitaciones de todos sus pares. Sin embargo, en el mejor de los casos quedan migajas debajo de la mesa para el trasfondo de la desgracia. Lógico: además de políticamente más rentable, la mejor película para estrenar en todas las salas del mundo es la de los abrazos entre mares de llantos y el final feliz.
Ninguno de los 33 mineros se internó 700 metros bajo tierra en el desierto para someterse a un tratamiento facial, hacer su nombre famoso, ser convocado al Bailando por un sueño o poner a prueba sus resistencias física y psicológica. La mina se vino abajo por su sobreexplotación y el debilitamiento de sus muros, además de otras fallas de mantenimiento severas de la empresa San Esteban. Y más aún: del 2004 hasta acá ya se había cargado siete muertes y otro tantos accidentes.
Parece clara la ausencia de una política pública de control al respecto: sólo en el 2009 se registraron 191.685 accidentes laborales en todo Chile y 443 muertos como consecuencia. En este trimestre del 2010 la apuesta pintaba para redoblarse: ya se contaron 155 víctimas fatales.
La ratificación del Convenio 176 de la Organización Internacional del Trabajo sobre seguridad y salud en las minas es un tema que todavía, en sus siete meses de gobierno, no figura en la agenda del presidente trasandino Piñera. Sí, en cambio, la creación de la Comisión para la Seguridad en el Trabajo, para analizar las normas de higiene y seguridad laboral, la Superintendencia de Minería y la revisión del Reglamento de Seguridad Minera, aunque con un detalle no menor: la protección sindical no tiene injerencia en ninguna de las comisiones. ¿Cuál es el riesgo de que no haya frazada sindical? El derecho a huelga o a cualquier tipo de protesta por mejora de las condiciones de trabajo equivale a un telegrama de despido.
Hay que atender a la hábil estrategia marketinera y televisiva, además de a su reacción operativa implacable, para encontrar respuesta a por qué una tragedia terminó convirtiendo en héroe a uno de sus responsables (directo o indirecto). Es el caso del ministro de Minería, Lawrence Golborne, un gerente empresarial devenido en especialista en la materia por obra y ocurrencia de su amigo Piñera. Según las encuestas, en julio sólo lo conocía el 16% de la población chilena. Después del derrumbe, y tras poner su carismática y risueña cara una y otra vez ante los medios y los familiares de las víctimas, hoy lo reconoce el 87% y sólo el 11% señala su responsabilidad en el derrumbe.
Pero el propio Piñera también quedó acostado con respaldo y panza para arriba en medio de la tormenta: en abril, con apenas un par de semanas de gobierno, sólo el 50% aprobaba su gestión. Las últimas encuestas ya lo ubican con el 57% de imagen positiva. Algo habrá hecho este buen hombre...

¿Será tan mimoso el Estado chileno dentro de varias décadas con los 33 protagonistas de su más exitoso reality? Qué importa eso ahora. Ya habrá tiempo para pilotear esas naves espaciales. Hoy el minuto a minuto pide emoción, lágrimas (mucha lágrima), epopeyas infrahumanas, casualidades milagrosas, miles y miles de periodistas, luz, cámara, acción… No, todavía la pausa no. Estirémoslo un poquito más. Mirá lo bien que andan los números…

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